San Diego se une a Nueva York, Boston, Florencia y Budapest al votar contra el polémico impuesto a rentas vacacionales, rechazando un gravamen anual de hasta 12 000 dólares sobre segundas viviendas. Mientras ciudades como Ámsterdam, Lisboa, Río y São Paulo aplican fuertes tasas turísticas, San Diego prioriza la protección de pequeños propietarios y empleos locales, apostando por regulación antes que recaudación.