El aeropuerto Schiphol de Ámsterdam se encuentra varios metros bajo el nivel del mar, construido sobre un terreno recuperado conocido como polder. Potentes bombas y diques controlan constantemente el agua para mantener operativas las pistas y terminales. Aun con su ubicación única, Schiphol es uno de los aeropuertos más transitados y eficientes de Europa, ejemplo de ingeniería inteligente.